La distorsión de la realidad es un placebo a la crudeza de lo evidente.
Sí, somos instantes efímeros.
Polvo en el viento.
Y ahora, ¿qué me queda?
Nada.
Esa sensación de no pertenecer a ningún sitio.
Solo estar de paso.
Sugestionar un deseo de hogar.
Y fallar.
¿Descubrirse a si mismo?
No. Decepcionarse.
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